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Tras los pasos de Delibes de la Ruta del Vino de Rueda

Tras los pasos de Delibes de la Ruta del Vino de Rueda

¿Alguna vez has imaginado cómo sería ponerse en los zapatos de otra persona sólo por un día? ¿Y si esa persona fuese uno de los escritores más importantes de nuestro país? Por ejemplo, Miguel Delibes. Desde la Ruta del Vino de Rueda no tenemos el superpoder de cambiarnos de cuerpo ni de viajar en el tiempo, pero lo que sí podemos hacer es proponerte un viaje a través de la mirada del autor, en concreto de su lado más campestre; su faceta de cazador. Una aventura por medio de la cual podremos conocer de primera mano los lugares favoritos de nuestra ruta por los que el escritor vallisoletano acostumbrara a salir de caza, al tiempo que disfrutar de la naturaleza, la historia, la cultura y la gastronomía que entrañan estos municipios. Imagina pasear a orillas del Duero y rodeado de pinares… el viento invernal meciendo el ramaje mientras escuchas las conversaciones entre gorgoritos de las diferentes avecillas del entorno… “En un día así, el cazador y su cuadrilla han visitado el cazadero de Villanueva, un cazadero acogedor, con el río Duero embalsado en su tramo más majestuoso rematando un costado, y dos manchas de encina y pinares entre tierras de labor -secano y regadío, cerradas en el extremo opuesto por extensos y arrugados campos de vides”. ¿Y si en vez de imaginarlo te atreves a vivir una jornada como la que describe Delibes en ‘Con la escopeta al hombro’? Villanueva de Duero puede ser la primera parada de nuestro viaje, y en ella podremos pasear por el Camino de la Cerviguera, senda por la que el autor se disputaba las perdices con su cuadrilla, o sumergirnos en las páginas de ‘Diario de un cazador’, en las que el literato nos habla de los Restos de la Cartuja de Aniago, un monasterio católico fundado por los monjes cartujos en 1441 y que se encontraba bajo la tutela y patrocinio de la reina María de Aragón. Una parada de la que disfrutar no solo de la historia que tiene a sus espaldas, sino de su valor paisajístico, al que Delibes describe como “un mar de surcos que hasta duelen los ojos de la perspectiva”. Después del paseo por la naturaleza os proponemos visitar las calles de Serrada y deleitaros con el arte que se expone en cada uno de los rincones de este municipio. Una localidad en la que el novelista recuerda con cariño, en su libro ‘Con la escopeta al hombro’, fue el primer lugar en el que su hermano pudo cazar una codorniz.

“Un mar de surcos que hasta duelen los ojos de la perspectiva”

  “Y hasta tal punto esta avecilla de largo pico y lomo jaspeado - muy mimético con la tierra - nos era desconocida a la cuadrilla, que aún recuerdo la vez que, hace unos años, mi hermano Manolo bajó una en un lugar insólito - un páramo pedregoso de Serrada - y fue tanta su sorpresa que convocó a capítulo, pregonando a los cuatro vientos que había derribado una chocha-codorniz”. Además, el queso y el vino no son sólo dos de los símbolos que identifican a este pueblo, sino que también eran dos indispensables en la fiambrera del cazador. Por ello, después de una dura jornada, un taller de queso en Quesería Campoveja o la visita a alguna de las bodegas establecidas en la localidad: Diez siglos de Verdejo, Bodegas de Alberto o Val de Vid, puede ser una buena forma de recuperar el aliento. Y después de toda una mañana a ‘la caza’ de Delibes, qué mejor que coger fuerzas con una comida junto al Duero y el puente romano que da paso al albergue de reyes, infantes y conjuras; la villa de Tordesillas. En el restaurante El Astral Abrasador podremos deleitarnos con un menú que nos dará la energía suficiente para, a continuación, pasear por el casco histórico de la localidad y disfrutar así de la majestuosidad de su historia al tiempo que nos sentimos jóvenes de nuevo como lo hacía el autor en ‘Las perdices del domingo’: “volvimos a sentirnos jóvenes, cosa importante a cierta edad, y evocamos los remotos tiempos de Tordesillas”. Las Casas del Tratado, testigo del reparto de las Américas, son un buen lugar para continuar con nuestra travesía a través de los pasos de Delibes. Y como colofón, antes de volver al descanso del hogar, una parada en las entrañas de la tierra de la mano de Bodegas Muelas y, ¿por qué no? un paseo por el Parador Nacional para disfrutar de las vistas nocturnas de la villa de Tordesillas. Pero Delibes no se conformó con visitar sólo estos municipios, sino que nuestra Ruta del Vino era recorrida sin miramientos por el autor. Tal era así que, al igual que los marineros tiene un amor en cada puerto, él tenía un buen amigo en cada pueblo. Es el caso de ‘El barbas’, un perdicero de la localidad de Valdestillas que tuvo el placer de compartir más de uno y de dos domingos de cacería con el literato. A tanto llegó su amistad que Delibes lo convirtió en protagonista de su breve obra ‘La caza de la perdiz roja’, en la que ambos conversan y reflexionan sobre la caza de esta ave y su ejercicio. Así que, en un segundo asalto de nuestro viaje tras los pasos del escritor, nos trasladaremos hasta este municipio y pararemos en su zona recreativa ‘El núcleo Tamarizo’ en el pinar de Valdestillas, desde dónde podremos asomarnos a su mirador y admirar el recorrido del Adaja a su paso por su atento observante, el puente romano de la villa y recrear las conversaciones que los buenos amigos cazadores mantenían mientras paseaban por estos pinares. ¿Qué les pasa a las cigüeñas de Castilla? Cada vez vienen menos, pero cada año madrugan más. Ya no aguardan a San Blas como hacían antaño: ¿Por San Blas la cigüeña verás? A mediados de diciembre he visto dos pares (de cigüeñas) en los campanarios del pueblo vallisoletano de Mojados, en la carretera de Madrid. La primera pareja en la iglesia de Santa María y la segunda en la torre de San Juan”. Éstas son las preguntas que se hacía el autor en ‘El último coto’, donde relata su paso por el municipio de Mojados, y son las mismas que nos podremos hacer nosotros si nos acercamos hasta esta localidad a admirar los nidos que estas aves levantan en los campanarios de las iglesias de San Juan y de Santa María. Además, qué mejor manera de rematar la mañana que visitar después el museo de Carlos V ubicado en la villa. Un lugar en el que innovación e historia envuelven al visitante llevándolo de vuelta a la corte del siglo XVI, a la moda que imperaba antaño mediante réplicas exactas de trajes de la época o al encuentro entre el emperador Carlos y los hermanos Habsburgo a través de la innovadora realidad aumentada y las salas interactivas. Una forma de trasportarse a una época en la que la gloria de un imperio y el empeño de un rey podían mover montañas. Y al igual que Delibes, no podemos finalizar nuestra aventura sin dar cabida a una visita a Olmedo. “(...) es raro que transcurra un invierno sin asomarse, al menos una vez, al término de Olmedo, una extensa mancha de pinares entreverada de carrascas y labrantíos”. (Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo). De un escritor a otro, haremos una primera parada en la literatura de Lope de Vega, dándonos un festín en el restaurante El caballero de Olmedo, para después poder descubrir los secretos que esconden cada uno de los rincones de la villa o darnos un merecido descanso bajo el abrigo de un convento del siglo XII en Castilla Termal Balneario. Tierra de olmos de los vacceos, con estandarte moruno de su herencia mozárabe y corte de reyes como Pedro I el Cruel o Alfonso XII el Inocente, son algunas de las historias que guardan las murallas de este municipio, siempre unido a su virgen de la Soterraña, aquella patrona hallada en una pequeña cripta junto a un pozo y de la que toma el nombre la última de nuestras paradas; la bodega La Soterraña. Aquí conoceremos en profundidad la historia alrededor de esta santa mientras nos refrescamos con el néctar de la uva y nos despedimos de un viaje a ‘la caza’ de Delibes. Quizás no tenemos el poder de viajar en el tiempo y conocer al autor o ponernos en sus zapatos, pero recorrer tras sus pasos algunos de sus parajes de caza favoritos y los pueblos en los que se encuentran, es una forma diferente de ‘cazar’ a Delibes, al tiempo que disfrutamos conociendo nuestro entorno.  

RUTA 1. 'Las perdices del domingo' (1981): Olmedo, Tordesillas, Villanueva de Duero, Villanubla y Villafuerte
RUTA 2. 'Diario de un cazador' (1955): San Miguel del Pino, Villanueva de Duero, Valladolid, La Mudarra, Villavaquerín, Quintanilla de Onésimo.
RUTA 3. 'Mi vida al aire libre' 1989: Medina de Rioseco, La Mudarra, Villanubla, Zaratán, Simancas, Puente Duero, Puente Duero, Viana de Cega, Boecillo, Sardón de Duero, Quintanilla de Onñesimo, Esguevillas de Esgueva, Villavaquerín, Renedo.
RUTA 4. 'El último coto' (1992): Villafuerte, Renedo de Esgueva, Boecillo, Mojados, San Miguel del Pino, Tordesillas, Bercero, Villar de los Comuneros, Vega de Valdetronco, San Salvador de Hornija, Adalia, La Santa Espina, Castromonte, Tordehumos, Villabrágima, Medina de Rioseco.
RUTA 5. 'Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo' (1977): Olmedo, Rábano, Torre de Peñafiel, Quintanilla de Onésimo, Villafuerte, Renedo de Esgueva, Boecillo, Puente Duero, Villanueva de Duero, La Mudarra, Castromonte.
RUTA 6. 'Con la escopeta al hombro' (1970): Pedrosa del Rey, Villaesteres, Serrada, San Miguel del Pino, Villamarciel, Villanueva de Duero, Boecillo, Quintanilla de Onésimo, Villafuerte, Villavaquerín.

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